Crónica de una vigilia anunciada

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Escribo esto con varias horas de desvelo encima. Con frío, los ojos cansados y el corazón explotado de felicidad.  Las palabras no me alcanzan y me desbordan porque no sé por dónde empezar. Tengo tanto que decir que me quema en la lengua.
Empecé el miércoles temprano, viendo el debate de cerca, intentando tratar de enfocarme en el trabajo pero era muy difícil. Los días previos no podía pensar en otra cosa, con mis amigas hablábamos de que estábamos monotemáticas, ansiosas, nerviosas y preocupadas. Una gran mezcla de sentimientos enorme nos abrazaba y nos hacía perder el sueño. Ese día estuve pendiente de lo que los y las diputadas iban diciendo, siguiendo el conteo, voto a voto a ver si íbamos perdiendo o ganando. A la tarde me preparé para ir. Durante la  mañana estuvieron circulando folletos que decían qué hacer en caso de qué nos detengan, en caso de represión, números a quién llamar y lugares para refugiarse si todo salía mal.  Es muy fuerte que tengamos que saber esas cosas y más que las  tengamos en consideración porque aún, sabiendo que estamos reclamando algo que es nuestro, hay gente que se opone.  Como si darle derechos a unxs, quitara los de otrxs.
Preparé la mochila con todo lo que podía necesitar sabiendo que no iba a pasar la noche en casa y que se pronosticaba ser la más fría del año. Empaqué un termo con té caliente, una manta, comida, sopa instantánea, vasos, medicamentos. Dejé anotados mi número de documento y teléfonos a quién llamar por si me pasaba algo y me fui. 
El subte estaba lleno de otras mujeres que iban para congreso, con sus pañuelos  verdes, sus caras pintadas y la mirada llena de ilusión. Otros nos miraban con recelo sin emitir palabra. Bajé, y caminé hasta dónde me encontré con mis amigxs. Las calles estaban repletas, casi no se podía caminar y cada minuto que pasaba traía más  y más personas a  la  marcha. Sobre avenida Rivadavia se habían puesto algunas carpas de la campaña para cargar celulares, comer y abrigarse y pantallas gigantes para seguir la sesión de cerca.  
Las horas pasaban y se escuchaban cantitos, gritos, bombos y festejos. Eramos muchxs. Muchas chicas jóvenes, muchas familias, adolescentes con uniformes de colegio que a pesar de tener insignias religiosas en los buzos, iban en grupo con el pañuelo en sus cuellos o atado en el pelo. 
La conquista de derechos no es fácil. Cuesta, es un proceso a veces doloroso pero con la mayor satisfacción cuando ese derecho se consigue.  Yo soy una persona que tiene valores sociales muy marcados y que tiene la lucha muy arraigada. Desde siempre voy a marchas, no solo me encantan sino que las considero fundamentales en la consagración de los pueblos. 
Pero esto, esto fue otra cosa. 
Fogatas en la calle como barricadas de la Francia de los miserables. Se olía la revolución en el aire y no exagero. Las calles eran nuestras, tan nuestras como nunca antes. Ahí eramos todxs hermanxs, estábamos por lo mismo, por lo que era nuestro por el simple hecho de existir. 
Verán, el tema del aborto es complicado. Hay muchos argumentos religiosos y morales que muchas veces, nos ciegan al ver lo que realmente importa. No es fácil pasar por eso, no creo realmente que nadie lo quiera hacer y vaya feliz a una clínica clandestina o a una sala privada. Pero pasa. Pasa desde siempre y va a seguir pasando porque cuando querés algo, por más de que te digan que no, si el deseo es profundo y persiste, es más fuerte que todo lo otro. 



Buscamos ser soberanas de nuestros propios cuerpos. Ser libres y poder controlar nuestras vidas sin represarías ni el miedo a morir. Ese es el problema. Que las personas que abortan en situaciones clandestinas, se mueren y el estado está ausente. No es aborto si o aborto no, es una solución legal a un  problema que existe y que va a seguir existiendo si no se hace algo. No legalizarlo es mantener el status quo porque quienes abortan, no lo van a dejar de hacer. Es así de simple. Nadie obliga a nadie hacer lo que no quiera y justamente por eso, no podemos obligar a otrxs a pasar por un embarazo o tener un hijx que no desea. La maternidad debe siempre, ser deseada antes que cualquier cosa. 
Estuvimos despiertxs toda la noche, escuchando lo que los y  las legisladoras tenían para decir, llorando con algunos discursos, puteando a otros que nos comparaban con perros o marsupiales, nefastos los que dijeron que nunca podríamos ser dueñas de nuestros cuerpos. Contábamos voto a voto, uno arriba, dos abajo, empatados. Hay que llamar al presidente, decían en twitter. La tensión era palpable pero los ánimos no decaían.  
Las horas seguían pasando y anunciaron que la votación iba a ser a la mañana cuando se esperaba mucho antes pero después de veinte horas de debate ininterrumpido la votación estaba lista y se preveía que se iba a dar.  La plaza congreso se llenó de vuelta y todxs lxs que se habían ido volvieron para seguir bancando los trapos. Tenía que salir. Un millón de personas habían estado el día anterior soportando el viento, el frío y la amenaza de lluvia. Un millón de personas pidiendo por el aborto legal. 
Se hizo silencio. Bajaron las  banderas. Hubo una pausa y finalmente pasó. Todxs gritamos, lloramos, nos abrazamos con quién teníamos al lado. Empezamos a cantar, con lágrimas en los ojos porque lo habíamos conseguido. Aún queda mucho por hacer y todavía falta ganar el senado pero esto ya fue un paso histórico y nosotrxs fuimos parte.  
Que nunca les digan que la lucha no sirve, que no les digan que hacerse escuchar es en vano, que no ganamos nada. Conseguimos mucho más que una media sanción, logramos unidad, consenso, esperanza, un poco más de justicia. Es una victoria para los colectivos de mujeres que vienen trabajando hace años para que seamos un poco más libres y a ellas les agradezco profundamente. Hoy abrazo esta causa como propia y me la pongo al hombro militando y ocupando todos los espacios que puedo, aprovechando que yo sí puedo hablar porque hay muchas otras que murieron y ya no pueden. Hablen, griten, lloren y peleen por lo que creen justo, siempre. 
Creo que tarde o temprano vamos a conseguirlo y esta hermosa marea verde que inunda el país, llegará a todo el continente. Compañerxs, hermanxs, amigxs, esto es una revolución. Es nuestro momento. Somos parte de algo tan tan grande y tan importante que quedará en los libros que estudiarán las generaciones en el futuro, generaciones que van a tener lo que nosotrxs no tuvimos. Si no es hoy, será eventualmente pero será. Vamos por todo, será ley. 

3 comments:

  1. Nunca me había pegado tan de cerca ningún tema que se volviera político. Nunca fui a ninguna marcha porque siempre tuve miedo a cómo volver despues a casa, viviendo tan lejos del Congreso. Pero nunca sentí lo que sentí ese dia. Me sentí protegida en todo momento porque la calle era de las mujeres, mujeres fuertes y seguras que no le tenían miedo a nada ni a nadie. Madres, abuelas, hijas y nietas, todas unidas por una misma causa, sin importar las preferencias políticas. Ver en la calle pañuelos colgados de mochilas y carteras me llenan los ojos de lágrimas sin siquiera conocer a la persona.
    GRACIAS por poner en palabras lo que se vivió ese día. Tus palabras me llegan a lo más profundo y te abrazo virtualmente. La revolución ya empezó y es imparable.

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  2. Termine de leer y me arrancaste una lágrima en los ojos. Estoy muy feliz con este miemiérco, y con todo lo que venimos luchando. Fue un orgullo estar con tantas ahí. Es hermoso, y me deja sin palabras. Por eso leerte y sentirme identificada es lo más lindo. Está ley sale! No hay lugar a dudas!! ��������

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  3. Amo esa foto ptm

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Thank you for your time!! xoxo

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